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viernes, 24 de julio de 2015

Mercosur con visión integradora

La confianza en destrabar las ataduras arancelarias y, por qué no, de visiones menos integradoras que ha padecido el Mercado del Sur (Mercosur) desde su creación hace 24 años, resultó la tónica que primó durante la recién concluida XLVIII Cumbre del grupo celebrada en Brasilia.

Los jefes de Estado del Mercosur presentes en el cónclave, Dilma Rousseff (Brasil), Tabaré Vázquez (Uruguay), Cristina Fernández (Argentina), Horacio Cartes (Paraguay), Nicolás Maduro (Venezuela) y Evo Morales (Bolivia) se comprometieron a ampliar el comercio interno y explorar otros mercados.

El sentido de unión sudamericana se hizo efectivo con la admisión de Bolivia como miembro pleno, lo cual fortalece la visión integracionista, económica y política de la región.

Esa nación andina, con una extensión de 1 098 581 kilómetros cuadrados y 10 millones de habitantes ha mantenido un crecimiento promedio del 6 % de su Producto Interno Bruto (PIB) desde que en 2006 implementó el Modelo Económico Social Comunitario Productivo y se ha convertido en un ejemplo a seguir para toda la zona.

La nación del presidente Evo Morales será un importante miembro para el desarrollo comercial del Mercosur por su ubicación geográfica, que la sitúa en el centro de las transacciones que realizan los países miembros y porque puede aportar mucho a la integración económica, social y comercial.

Con el desarrollo de una política económica y social a favor de la mayoritaria población que durante siglos fue discriminada, en los últimos 9 años en Bolivia se han construido carreteras, instalación de tuberías de agua potable y alcantarillado, escuelas, centros de salud, hospitales, y grandes y pequeñas industrias.

Asimismo, recuperó en los últimos años las riquezas nacionales (productivas, mineras y de servicios) que antes eran explotadas por compañías privadas y cuyas ganancias salían del país.

La nación andina tiene muchas cosas que ofrecer en sus intercambios comerciales con el bloque como son sus grandes recursos gasíferos y de petróleo, madera, oro, plata, caucho, estaño, litio, hierro, a la vez que podrá recibir inversiones para su desarrollo productivo y social que las naciones miembros le pueden ofrecer.

En estos momentos, el Mercosur reúne a tres de las cuatro economías más grandes del hemisferio occidental americano: Brasil, primera con un Producto Interno Bruto de 2 596 billones de dólares; Argentina, tercera con 795 000 millones y Venezuela, cuarta con 412 400 millones de dólares, Uruguay aparece con 55 590 millones, Paraguay, 35 800 millones y Bolivia 35 000 millones.

Los seis países acumulan en total un PIB de 3 billones 929 790 millones con enormes potenciales de hidrocarburos y agua potable, dos recursos estratégicos en el mundo actual.

Este organismo fue creado el 26 de marzo de 1991 en Asunción, Paraguay, y entró en vigencia el 29 de noviembre de ese año.

Desde su fundación, los cuatro primeros socios (Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina, después se integró Venezuela en 2012) buscaron la ampliación de los mercados nacionales mediante la unión, lo cual constituye una condición fundamental para acelerar sus procesos de desarrollo económico con justicia social.

El objetivo primordial del Tratado de Asunción (firmado durante la Cumbre de Ouro Prieto en diciembre de 1994) es la integración de los Estados, mediante la circulación de bienes, servicios y factores productivos; aranceles externos y adopción de políticas comerciales comunes; coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales y armonización de legislaciones en las áreas pertinentes, para lograr el fortalecimiento del proceso de integración.

En la finalizada Cumbre, los jefes de Estado enfatizaron en la necesidad de flexibilizar las normas y reglas dentro del grupo para permitir a sus miembros contar con un espacio en el que puedan adoptar medidas y acciones de acuerdo con las circunstancias, y acordaron también prolongar por otros 10 años el Fondo para la Convergencia Estructural (Focem), que financia obras en diversas áreas en los países miembros, el cual ayuda a eliminar las asimetrías existentes dentro del grupo.

La anfitriona del evento, Dilma Rousseff, anunció que se creará un registro de productores agrícolas de la zona, con el propósito de apoyar, ofrecer financiamientos, mejorar la técnica de los trabajadores de este sector y asegurar la producción de alimentos.

El mandatario paraguayo, Horacio Cartes, quien asumió la presidencia pro tempore por seis meses del Mercosur, se comprometió a trabajar para eliminar las barreras arancelarias que frenan el comercio dentro del bloque.

Cartes enfatizó la necesidad de impulsar la libre circulación de bienes y servicios, la relación externa, la integración de cadenas productivas y otros, para lograr un impacto real sobre la producción y el empleo, mostrando resultados visibles para los ciudadanos.

También el presidente Paraguayo señaló la necesidad de alcanzar un acuerdo con la Unión Europea y extenderlo a la Alianza del Pacífico que componen México, Perú, Chile y Colombia.

Algunos de los seis miembros que componen el MERCOSUR no están dispuestos a firmar acuerdos con esos bloques, a ciegas, es decir, haciendo concesiones económicas y financieras que después traerían graves problemas sobre la soberanía de esas naciones.

Por tanto, será fundamental realizar conversaciones analíticas y tomar medidas efectivas para que después, por ejemplo, las empresas transnacionales no impongan sus agresivas directrices sobre los Estados, tras la firma de algún convenio.

Los oradores en la Cumbre dejaron claro que no hay espacios para las acciones desestabilizadoras ni aventuras antidemocráticas en la región, y ratificaron el compromiso democrático con la paz.

El cónclave ha revitalizado al grupo con visiones presentes y futuras y como enfatizó el presidente venezolano Nicolás Maduro, “Hay un nuevo Mercosur, con una nueva visión social de los pueblos y se ha ido construyendo un camino de la confianza política, un Mercosur democrático”.

Por: Hedelberto López Blanch
Se publica con autorización del Autor y mediante una licencia de Creative Commons Respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

domingo, 16 de febrero de 2014

TLC: atentado a las soberanías nacionales

Dos diferentes líneas divergentes tomaron impulso tras la derrota que sufrió Estados Unidos en 2005 cuando en la IV Cumbre de las Américas efectuada en Mar de Plata, Argentina, no pudo imponer el Área de Libre Comercio (ALCA) con la cual intentaba dominar económica y políticamente a toda la región.

La primera fue la convicción de la gran mayoría de los países de este hemisferio de integrarse para enfrentar, en forma más efectivas, los constantes embates políticos y económicos de la potencia unipolar.

Así surgieron la Alianza para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), PetroCaribe, la Unión de Naciones del Sur, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), además de reforzase el Mercado Común del Sur (MERCOSUR.

En sentido completamente opuesto resultó la segunda vertiente, pues Estados Unidos no se dio por vencido y comenzó a imponer, apoyado por gobiernos afines en la región, los Tratados de Libre Comercio (TLC) bilaterales, bajo las mismas condiciones del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) acordado con México en 2004, que ha provocado que más de la mitad de los aztecas esten por debajo del índice de pobreza.

Los TLC fueron diseñados por Estados Unidos y las naciones desarrolladas, en combinación con compañías transnacionales, con el objetivo de controlar económica, financiera y hasta políticamente a los países menos desarrollados que no pueden competir con empresas foráneas las cuales poseen tecnologías modernas y abundante capital. Es la versión del colonialismo moderno.

Bajo ese esquema, ya resultaría innecesario lanzar agresiones o invasiones armadas contra otros países para dominarlos, pues por medio del control económico y financiero las compañías transnacionales, apoyadas por sus Estados originarios, poseerán fuerza y poder hasta para imponer presidentes afines, bajo la amenaza de tomar sanciones y desestabilizar completamente a un gobierno.

De esa forma, logró firmar acuerdos de TLC con cinco países de Centroamérica (Guatemala, Honduras, Costa Rica, El Salvador y Nicaragua, antes de la llegada de Daniel Ortega al poder) al que se incorporó República Dominicana, además de hacerlo por separado con Panamá.

Consiguió que el gobierno neoliberal de Chile también suscribiera un Tratado, al que le siguieron los gobiernos de Perú y Colombia.

Con mucha convicción, el premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, quien entre 1997 y 2000 fue economista jefe del Banco Mundial, ha alertado en varias ocasiones los riesgos que entrañan los TLC, al aumentar las desigualdades sociales y agudizar la pobreza en los núcleos rurales.

En una reciente conferencia efectuada en Lima, explicó que se debe prestar mucha consideración en aprovechar las nuevas aportaciones, pero también los nuevos riesgos que surgen con los TLC.

Puso como ejemplo el TLCAN y señaló que después de suscribirse, los salarios en la nación azteca son más bajos, la pobreza rural aumentó y la desigualdad creció.

Según Stiglitz, eso se debe a que tras la firma del acuerdo “se destruyeron empleos más rápido que los que se crearon (...) y los pobres mexicanos, que eran los agricultores no pudieron competir con los estadounidenses», quienes reciben altas subvenciones estatales”.

En otro foro realizado en Ecuador, Stiglitz declaró que la globalización ha sido diseñada para promover mayores ganancias del sistema financiero y para que haya una mayor transferencia de dinero desde los países en desarrollo a los industrializados.

Los TLC según el destacado economista, aumentan la desigualdad y es una herramienta utilizada por Estados Unidos para “dividir a los países subdesarrollados, destruir el multilateralismo e imponer sus industrias”.

A raíz del fracaso del ALCA, el ex secretario comercial de la Casa Blanca, Robert Zoellick anunció que no esperaría la concreción de acuerdos comerciales por consenso e informó que en los futuros Tratados se incluirían temas que interesaban especialmente a Washington y que habían sido rechazados en las reuniones sobre el ALCA realizadas primero en Miami y después en Argentina.

Zoellick se refería a los bancos financieros, los servicios básicos como la electricidad, las telecomunicaciones, la salud y el agua, entre otros, los que ya entraron a formar parte de los nuevos TLC bilaterales firmados.

Washington ha utilizado los TLC y los acuerdos sobre inversiones bilaterales y regionales para lograr concesiones que no es capaz de conseguir en la Organización Mundial del Comercio (OMC), donde los países en desarrollo pueden unirse y negociar unas reglas más favorables.

La Organización No Gubernamental británica Orfam publicó un informe sobre el efecto de los Tratados en los países del Sur donde puntualizó que el avance inexorable de estos TLC sobre comercio e inversiones, negociados en gran medida a puertas cerradas, amenazan con socavar la promesa de que el comercio y la globalización servirían como motores para reducir la pobreza.

Según Orfam, en un mundo cada vez más globalizado, estos acuerdos benefician a los exportadores y a las empresas de los países ricos a expensas de agricultores y trabajadores pobres, con graves consecuencias para el medio ambiente y privan a los países en desarrollo de su capacidad de dirigir la economía nacional y de proteger a sus ciudadanos más pobres.

Al sobrepasar las disposiciones negociadas a nivel multilateral, los convenios bilaterales como están diseñados, imponen reglas de mayor alcance y difícil marcha atrás que desmantelan de manera sistemática las políticas nacionales de promoción del desarrollo.

Tras las firmas de los TLC, como promedio el 80 % de las exportaciones estadounidenses de productos industriales y de consumo, quedan con arancel cero inmediatamente y el 85% esta libre de impuestos en cinco años.

De esa forma, las industrias nacionales van desapareciendo paulatinamente y sus poblaciones se dedican a vender en las tiendas las mercancías recibidas desde el exterior.

Entre los acápites de los Tratados, se establece que los países firmantes otorgarán acceso a mercados en todos los servicios, como telecomunicaciones, mensajería rápida, servicios de computación, turismo, energía, transporte, construcción e ingeniería, servicios financieros, agua, educación, entretenimientos, seguros y otros.

Imponen protecciones y trato no discriminatorio para productos digitales como software, música, texto y vídeos, a la par que fortalecen las patentes estadounidenses, las marcas y los secretos comerciales.

Para que no existan dudas de que el resultado final sería dirigir no solo la economía sino hasta a los gobiernos, los documentos establecen marcos legales seguros para inversores norteamericanos pues tras la entrada de sus capitales en esas naciones los convenios no podrán ser cancelados por leyes posteriores. Si eso llegara a ocurrir, los gobiernos deberán abonar sumas millonarias para resarcir las pérdidas ocasionadas.

Los TLC son la nueva estrategia de dominación neocolonial en este mundo globalizado y la forma de tratar de que no se concrete la verdadera integración latinoamericana. Muchos países ya se han dado cuenta de ese enorme peligro; otros, sin embargo se han montado en ese peligros tren.


Por: Hedelberto López Blanch
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