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lunes, 26 de mayo de 2014

Sudáfrica hace camino al andar

Resulta difícil encontrar en algún medio de comunicación occidental una noticia económica agradable sobre cualquier nación africana pues se dedican a sobredimensionar los problemas en ese continente para hacer creer a la opinión pública que sus habitantes son incapaces de gobernar esos países, lo cual muchos llaman mentalidad colonialista.

El oyente o lector que se hubiera guiado por las informaciones sobre Sudáfrica que ofrecían esos medios, no comprenderán cómo el Congreso Nacional Africano (ANC por sus siglas en inglés) pudo obtener una mayoría absoluta en las recientes elecciones presidenciales sudafricanas.

En términos generales, el ANC con su candidato a la reelección, Jacob Zuma, arrasó con el 63 % de los sufragios, y dejó muy atrás a Helen Zille, su principal contendiente del partido opositor Alianza Democrática (AD), que solo obtuvo el 22 %. En el AD se han agrupado la mayoría de los blancos que mantuvieron o apoyaron al régimen del apartheid. Otros partidos más pequeños se dividieron los restantes sufragios.

Durante los últimos meses, los poderosos medios de prensa internacionales montaron una fuerte campaña contra el gobierno sudafricano en los cuales aupaban los problemas sin resaltar ningún aspecto económico o político positivo.

La agencia española EFE señalaba en uno de sus artículos, “Pese a los enormes problemas sociales que enfrenta la nación, la altísima criminalidad, la corrupción y la mala gestión pública, la mayoría de la población sigue confiando en el ANC como la mejor opción”.

La AFP de Francia afirmaba: “Cada año centenares de protestas sociales, algunas de ellas violentas, dejan patente la indignación por la penosa situación, sobre todo a nivel local. Algo que también queda demostrado por el creciente número de votantes que optan por no ejercer su derecho”.

Otra agencia de noticias, la alemana DPA escribía: “El desempleo alcanza el 25 %. Ante todo son los millones de pobres en las ciudades quienes sufren las consecuencias de deficientes administraciones, escuelas y hospitales mal equipados, así como de las altas tasas de criminalidad”.

Estas son algunas de las cientos de informaciones que tanto la prensa escrita como la televisiva emitían desde meses antes de llevarse a cabo las elecciones generales. Todo se preparaba para provocar una mayor abstención de tal forma que el ANC no alcanzara los votos necesarios en el Parlamento y tuviera que buscar alianzas con otros partidos para gobernar. Debilitar al ANC era la meta.

Durante los 20 años de gobernación desde que el 27 de abril de 1994 cuando el primer presidente negro en la historia sudafricana, Nelson Mandela, alcanzó el poder, el Congreso Nacional Africano ha demostrado que pese a sufrir más de 300 años de colonialismo, segregación y gobiernos de minoría blanca, los verdaderos habitantes del país, eran capaz de administrar los destinos de la nación.

Recordemos que durante más de tres siglos al pueblo sudafricano se le impedía acceder a educación elemental o superior; se prohibía en las escuelas primarias enseñar matemáticas o ciencias; la historia era solo la escrita por los colonialistas; la población autóctona la encerraban en los llamados bantustanes (separación de las razas) y los empleos ofrecidos por los negros, eran de semi esclavitud, en servicios domésticos o yacimientos minerales.

La desocupación cifraba el 70 % entre la población nativa, mientras el hambre, la insalubridad y la muerte por enfermedades e inanición, eran parte de la vida cotidiana de los sudafricanos no blancos.

Tras ganar las recién pasadas elecciones de mayo, Jacob Zuma expresó: “Nos hemos acercado a nuestro preciado sueño de una Sudáfrica unida, no racial, no sexista, democrática y próspera, aunque nos queda aún un camino por andar en la erradicación de la pobreza, la desigualdad y el desempleo.

“En los 20 años de gobierno del ANC ha mejorado el acceso nacional a la atención médica, el reconocimiento del papel de las mujeres, los programas de ayuda económica para familias pobres; progresos en la reducción de la delincuencia, mientras que 11 millones de huérfanos se benefician de ayudas sociales”, agregó.

Según el Fondo Monetario Internacional, Sudáfrica ocupa el lugar 25 del mundo por su Producto Interno Bruto (PIB) que alcanza a 527 000 millones de dólares con un promedio de crecimiento anual en los últimos cinco años entre 2 y 3 % del PIB. Esto a pesar de la crisis económica mundial y en especial la que afecta a los países de la Unión Europea donde coloca un tercio de sus producciones.

Pretoria esta considerada como la primera economía de África (aunque ya la asecha Nigeria) con un 25 % de todo el PIB del continente. Cuenta con un gran volumen de capital nacional (público y privado) en estrecha relación con las grandes redes económicas mundiales.

La bolsa de valores de Johannesburgo es la mayor de África, y su industria la más poderosa y diversificada de todo el continente que va desde producciones de artículos y bienes agropecuarios y minerales (diamantes oro, platino, cromo, carbón), hasta los sectores automovilístico, aeronáutico.

Su moderna infraestructura le permite una eficiente distribución de los productos hacia los principales centros urbanos a lo largo de toda la región.

Sudáfrica con su plena integración en los organismos económicos políticos y económicos regionales e internacionales se ha convertido en una poderosa nación que señala el camino futuro del continente africano. Su reciente integración al grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) le abre un panorama económico más halagüeño en la arena mundial.

Antes en ese país nacer negro era heredar una maldición para toda la vida, y en cambio, nacer blanco era disfrutar de todos los beneficios económicos y sociales.

En solo dos décadas de democracia después de la caída del apartheid, el ANC ha demostrado que los pueblos africanos pueden resolver y administrar con eficiencia la economía y los destinos de sus países.

Por: Hedelberto López Blanch
Se publica con autorización del Autor y mediante una licencia de Creative Commons Respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Panamá, edulcorar el neoliberalismo

Después de cinco años de una de las más fuertes líneas de neoliberalismo económico impuestas en Panamá por el gobierno de Ricardo Martinelli, el triunfador en las recientes elecciones presidenciales, Juan Carlos Varela del Partido Panameñista, apuesta por solo endulzar aristas de ese sistema.

Antes de los comicios, la mayoría de los analistas enfatizaron que los candidatos no exponían verdaderas soluciones a los problemas que afronta el país.

Para el director del Centro de Estudios Estratégicos de Panamá, Julio Manduley, ninguno de los tres partidos tradicionales tenía una propuesta que no fuera neoliberalismo puro aderezado con distribuciones asistencialistas.
Martinelli, por su parte, llevó al extremo su afiliación ultraderechista y se convirtió además en uno de los principales ejecutores del diseño realizado por la administración estadounidense para tratar de debilitar y desbaratar los gobiernos progresistas que en los últimos años han proliferado en América Latina.

Cuba y Venezuela fueron dos de los principales blancos del accionar de Martinelli, que en ambas ocasiones salió derrotado y cuyo costo fue el aislamiento de Panamá con la mayoría de las naciones de la región.

En el plano económico, el gobierno saliente impulsó la asimetría entre ricos y pobres. Según la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), el 40 % de las familias de menores recursos concentra el 10,4 % del ingreso total, mientras el 10 % más rico capta el 38,6 %, convirtiendo a Panamá en uno de los países más desiguales de la región.
En estos cinco años se redujeron los servicios públicos de salud a la par que se impulsó el establecimiento de centros hospitalarios particulares. En carpeta se encuentra un anteproyecto para privatizar las fuentes de abasto de agua en todo el territorio.

Se estima que capitales extranjeros y ricos comerciantes nacionales se adueñarán de las cabeceras de los ríos panameños para luego vender a altos precios el agua potable.

Los programas neoliberales también han afectado a la educación pública. Muchas escuelas están completamente deterioradas y los educandos no cuentan con una mínima infraestructura.

Ante esas dificultades, ahora se esta promoviendo en áreas rurales y urbanas, el llamado “rancho” escolar, que consiste en reunir a niños de diferentes niveles en un mismo salón bajo la dirección de un solo maestro.

La administración de Martinelli promueve la privatización de los centros escolares lo que perjudicaría a la gran mayoría de la población que no cuenta con dinero para sufragar la alimentación, la atención sanitaria y los alquileres de la vivienda del núcleo familiar.

Las principales remuneraciones panameñas se basan en los servicios ya que el 75 % del PIB lo generan las actividades del Canal de Panamá, la Zona Libre de Colón, los puertos, la banca y el turismo.

La economía ha subsistido en los últimos años debido al incremento de las construcciones, pero solo favoreció a la burguesía criolla, y a las transnacionales. Esos son los principales motivos de las constantes huelgas en los sectores de la construcción y la educación.

Pese al crecimiento del PIB en alrededor de un 8 % en los últimos años, el auge económico no ha beneficiado a las mayorías pues la pobreza alcanza, según la CEPAL, al 29 % y la penuria extrema al 11,7 % de los panameños, mientras son constantes las denuncias de una extendida corrupción.
Uno de los más sonados casos es el de dos empresarios italianos acusados de corrupción internacional y cuyos negocios ilícitos involucran a Martinelli.

Además de la cadena de problemas enunciados, el saliente presidente le deja a su sucesor, (que tomará el puesto el primero de julio por un período de cinco años) una deuda que se cifra en más de 20 000 millones de dólares.
Durante la campaña electoral, Juan Carlos Varela, enfatizó que su gobernación sería humana, con visión social y vocación de servicio público, y auguró que lucharía contra la desigualdad y la corrupción para defender el dinero del pueblo.

Asimismo, propuso que si llegaba al poder, congelaría los precios de 22 productos de la canasta básica, otra situación que afecta a los panameños debido al constante incremento del costo de la vida.

Pero ya Martinelli le salió al paso y tras perder la puja electoral afirmó que seguiría los pasos y las ofertas realizadas por Varela, sobre todo la de reducir en 58 dólares el costo de la canasta básica.

El presidente saliente, que mira más hacia Washington que hacia sus coterráneos sentenció: "Es difícil e imposible; eso no funciona". Y lo dijo con suma confianza y potestad pues él es dueño de una de las principales cadenas de supermercados y de las mayores importadoras del país.

Como afirma un viejo refrán, “del dicho al hecho va un buen trecho” y esto parece que sucederá con las promesas de Varela, si en definitiva no da una vuelta al problema principal que es el sistema neoliberal implantado en buena parte del mundo por los países occidentales desarrollados y las grandes compañías transnacionales.
Sin ese corolario el pueblo panameño continuará padeciendo más de lo mismo.

Por: Hedelberto López Blanch
Se publica con autorización del Autor y mediante una licencia de Creative Commons Respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.