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lunes, 21 de octubre de 2013

La globodesigualdad internacional

Cada día se confirma más la razón que tenía el ex primer ministro de Malasia, Mahathir bin Mohamad cuando en una conferencia magistral efectuada en 2006 durante el VIII Encuentro Internacional de Economistas en Cuba aseguró que la globalización y todo el concepto que encierra fue inventada por los países ricos y no por los pobres.

En el papel, la palabra Globalización, endulza el oído y la mente pero la realidad puede ser otra cuando las naciones desarrolladas y sus ejecutores directos, las compañías transnacionales, alcanzar los mejores dividendos durante sus incursiones dentro de los países en desarrollo.

Después de nueve años de aquella afirmación, varios estudios internacionales dan la razón a Mahathir. 
 
Un grupo de investigadores encabezado por el profesor Jason Hickel de la Escuela de Economía de Londres, y asesores del movimiento The Rules, produjo un video titulado “La Desigualdad de la Riqueza Mundial” donde denuncian con numerosos datos que actualmente las 300 mayores fortunas del mundo acumulan más riqueza que los 3 000 millones de pobres.

"Citamos estas cifras, agregan, porque nos ofrece una comparación clara e impresionante, pero en realidad la situación es aún peor: las 200 personas más ricas poseen aproximadamente 2,7 trillones de dólares, y eso es mucho más que lo que tienen 3 500 millones de personas, con un total de 2,2 trillones de dólares". 

Como se reconoce, diversos tipos de globalizaciones se han impuesto a través de la historia de la humanidad y una de las más profusas fue cuando las potencias europeas convirtieron en colonias a muchas naciones de otros continentes y así podían imponer sus directrices y comerciar, sin ningún impedimento, con los territorios conquistados.

En el video, el movimiento The Rules expone cómo crece esta desigualdad con el paso del tiempo y explica que durante el período colonial, la brecha entre los países ricos y los pobres aumentó de 3:1 a 35:1, mientras que desde entonces, la brecha ha crecido hasta un nivel de 80:1.

Por su parte, una reciente investigación de la Organización No Gubernamental (ONG) Oxfam, señala que el 1 % de los más ricos aumentó sus ingresos en un 60 % en los últimos 20 años, amparados en la desmesurada globalización, y con la crisis financiera acelerando este proceso en vez de frenarlo.

No hay que ser un experto en economía para comprender que el crecimiento de la brecha esta íntimamente relacionado con las políticas económicas neoliberales que instituciones internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC) han impuesto a los países en desarrollo durante las últimas décadas.

Los apologistas de la globalización indican que es un fenómeno de carácter internacional cuya acción consiste principalmente en lograr una penetración mundial de capitales (financieros, comerciales e industriales) para que el planeta abra espacios de integración y se intensifique la vida económica.

La definen como un proceso de desnacionalización de los mercados, las leyes y la política en el sentido de interrelacionar pueblos e individuos por el bien común y la detallan como la fase en que se encuentra el capitalismo a nivel mundial, caracterizado por la eliminación de las fronteras económicas que impiden la libre circulación de bienes servicios y fundamentalmente de capitales.

Los defensores igualan el término con una supuesta sociedad planetaria que va más allá de fronteras, barreras arancelarias, diferencias étnicas, credos religiosos, ideologías políticas y condiciones socioeconómicas o culturales, en un intento de hacer un mundo que no este fraccionado, sino generalizado, en el que la mayor parte de las cosas sean iguales o signifiquen lo mismo.

En contraposición, el economista de la Universidad de Massachusetts, Robert Pollin, asegura que "estas políticas están diseñadas para liberalizar los mercados a la fuerza, abriéndolos a fin de dar a las multinacionales un acceso sin precedentes a tierras baratas, recursos y mano de obra, todo a un alto precio alto: que los países pobres pierdan alrededor de 500 000 millones de dólares por año de su PIB".
 
Un análisis financiero sobre el patrimonio mundial efectuado por el Credit Suisse research Institute, uno de los emporios del capitalismo internacional, puntualizó que “la riqueza global promedio llegó a un máximo de 51 600 dólares por adulto aunque se reparte de forma muy desigual y el 10 % más acaudalado posee el 86 % del total de los activos en el mundo”.

A continuación remarca que, “el 1 % más adinerado posee el 46 % de todos los activos globales, y como puntillazo a esa globodesigualdas señala que desde mediados del 2012, la cantidad de millonarios a nivel mundial ha crecido en casi dos millones y la mayoría de ellos proviene de Estados Unidos.

Recordemos el caso de Argentina cuando la globalización neoliberal fue acogida como sistema económico-financiero en la década de 1980 y en un período de 12 años, esa nación, una de las más ricas de la región, observó como más de la mitad de su población caía en la pobreza, el desempleo rondaba al 40 % de sus habitantes, las transnacionales se adueñaban de sus industrias y principales servicios, el capital salía de sus fronteras, mientras la bancarrota y el caos revoloteaba en el país.

Esa amarga experiencia sirvió para que no solo Argentina sino otras naciones de la región como Venezuela, Brasil, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Uruguay, hicieran caso omiso a los cantos de sirena de la globalización capitalista y adoptaran medidas sociales, en beneficio de sus habitantes, con lo que han logrado reducir los índices de pobreza existentes antes de 1990.

El mundo, por tanto, no puede ser para unos pocos millonarios mientras la mayoría padece hambre y enfermedades porque a la larga este gran planeta donde vivimos, sería incontrolable.



Por: Hedelberto López Blanch
Se publica con autorización del Autor y mediante una licencia de Creative Commons Respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 17 de octubre de 2013

Monsanto, ganancias contra salud

El poder de las compañías transnacionales crece cada día pues con enormes capitales, compran a funcionarios y hasta a gobiernos completos en su afán de enriquecimiento aunque, como ocurre con la Monsanto, sus productos atenten contra la salud de millones de pobladores en el mundo.

Esa compañía, surgió en San Louis, Missouri, en 1901, bajo el nombre Monsanto Chemical Works, con el objetivo de producir sustitutos del azúcar para la empresa Coca Cola y a principios de 1970, estudios realizados por el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, revelaron que la sacarina provoca esa enfermedad en ratas y otros mamíferos utilizados en los experimentos.

Recientemente, se efectuó una campaña internacional en más de 80 países del mundo, (en octubre se realizará otra) para denunciar los efectos nocivos de los insecticidas y productos genéticamente modificados, fabricados por esa compañía.

Estudios científicos han demostrado que muchos de esos productos conocidos como Organismos Genéticamente Modificados (OGM) tienen consecuencias extremadamente dañinas para el medio ambiente y la salud humana.

El enorme control que ejerce esa transnacional en el gobierno de Estados Unidos quedó comprobado cuando en marzo pasado el Congreso aprobó la llamada Ley de Protección de Monsanto con una cláusula que impide a los tribunales federales suspender o prohibir la siembra y venta de cultivos transgénicos, incluso si estos son reconocidos como dañinos para la salud humana o para el medio ambiente. Una información aparecida hace pocos meses en medios de prensa, revela la estrecha relación que mantiene con esa compañía un gran número de personas entre las que aparecen senadores, congresistas, jefes de departamentos nacionales y altos cargos en la Casa Blanca.

Además de la citada sacarina, Monsanto también se enfrascó en la fabricación de diferentes productos a lo largo de su historia que han sido catalogados de dañinos.

En la década de 1920 fabricó en una planta ubicada en Anniston (Alabama), bifenilos policlorados, líquido refrigerante para condensadores, transformadores y motores eléctricos. La Agencia de Protección del Medio Ambiente (APMA), cincuenta años más tarde, presentó pruebas de que ese elemento provoca cáncer en humanos y animales. Washington prohibió su producción y en 2003 la empresa pagó más de 600 millones de dólares a los residentes de Anniston por los gravísimos problemas de salud inducidos.

La APMA, en los años de 1980 prohibió a la transnacional, fabricar poliestireno sintético para empacar alimentos, (lo hace desde 1941) por sus efectos dañinos, pero aun se continúan elaborando.

Monsanto se convirtió en 1944 en uno de los primeros creadores del insecticida DDT, utilizados contra los insectos y en la agricultura. La empresa desarrollo una millonaria campaña a favor de sus “inocuas bondadoso” y en 1972 se confirmaron sus efectos cancerígenos.

Después de finalizada la II Guerra Mundial, la corporación inició la venta de pesticidas químicos para la agricultura y llevó al mercado el herbicida 2,4,5-T, a base de dioxina y uno de los precursores del agente naranja. Esta sustancia se acumula en la cadena alimentaria, principalmente debajo de la piel de los animales. Al consumir los humanos diversos tipos de carnes (vacuna, bovina, caprina, avícola) pueden provocarles problemas en la reproducción y desarrollo, afectarles el sistema inmunitario, interferir en las hormonas Y, y motivarles cáncer.

Después, como productora del agente naranja, la transnacional le suministró grandes cantidades al gobierno norteamericano, las cuales Washington lanzó contra los territorios de Vietnam. El resultado de ese genocidio fue de 400 000 personas asesinadas o mutiladas, 500 000 niños nacieron con defectos y más de un millón quedaron con impedimentos físicos.

Para aumentar la producción de leche en las vacas, Monsanto creó la hormona modificada, somatotropina bovina recombinante (rBGH). Investigaciones efectuadas indican que la leche rBGH esta relacionada con el cáncer de mama, de colon y de próstata en los humanos. Ya esa hormona esta vetada en Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Israel, la Unión Europea y Argentina.

Los cultivos de OGM y las semillas patentadas como las de soya y maíz, se desarrollaron en los años 70 por varias empresas químicas como Monsanto Chemicals, DuPont y Dow Chemicals.

Varias investigaciones han demostrado el grave daño que provocan esos cereales, por ejemplo, científicos de la Asociación Nacional Rusa de la Seguridad de los Genes y del Instituto de Problemas de la Ecología y la Evolución, tras años de experimentos, comprobaron que los hámsteres alimentados con soya y maíz transgénico quedan estériles después de la tercera generación.

Para el profesor español de biotecnología, Alejandro Romero, “La codicia de un grupo de poder mundial nos está llevando a un caos sanitario”.

Cuando Monsanto vende semillas a los diferentes países, también el comprador esta obligado, bajo contrato legal, a comprar el herbicida Roundup, a base de glifosato, patentado desde 1970.

El biólogo molecular Gilles-Eric Seralini, junto a un equipo de la universidad francesa de Caen, al analizar el Roundup, determinó que este herbicida contiene polioxietilamina, un ingrediente mucho más dañino al ser humano que el glifosato. Pero la compañía continúa produciéndolo y exportándolo.

Solo en Estados Unidos se utilizan anualmente 45 millones de kilogramos de glifosato al año de desde 2000 se han aplicado en más de mil millones de acres, por lo que se puede decir que la mayoría de los alimentos que se producen en Norteamérica estan contaminados.

Además de los rusos, investigadores de Francia, Austria, Estados Unidos e India han establecido que los transgénicos de Monsanto provocan crecimiento retardado en animales, alta mortalidad entre las crías y un peligro potencial para el ser humano.

Muchos expertos y científicos aseguran que la alta incidencia mundial de problemas cancerígenos esta relacionada directamente con esos alimentos transgénicos por lo que alertan a no consumir mercancías de grandes y famosas compañías como Coca Cola, Pepsi, Lipton, Pringles y Heinz, que utilizan las producciones de Monsanto.

Por: Hedelberto López Blanch
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